Al Lector

Yo no sé decir las cosas que siento, pero reconozco cuando alguno es capaz de decirlas por mí...



miércoles, 25 de agosto de 2010

REIVINDICACION DE LOS DERECHOS HUMANOS; José Saramago.







....no parece que los gobiernos hayan hecho por los Derechos Humanos todo aquello a lo que moralmente, cuando no por la fuerza de la ley, estaban obligados. Las injusticias se multiplican , las desigualdades se agravan, la ignorancia crece, la misería se expande. La misma esquizofrénica humanidad capaz de enviar instrumentos a un planeta para estudiar las composición de sus rocas, asiste indiferente a la muerte de millones de personas a causa del hambre. Se llega más fácilmente a Marte que a nuestro propio semejante






Alguién no está cumpliendo con su deber. No lo están cumpliendo los gobiernos, ya sea porque no saben, ya sea porque no pueden, ya sea porque no quieren....O porque no se lo permiten aquellos que efectivamente gobiernan, las empresas multinacionales y pluricontinentales cuyo poder absolutamente no democrático, han reducido a una cáscara sin contenido lo que todavía quedaba del ideal de la democracia.








Nosotros como ciudadanos tampoco estamos cumpliendo con nuestro deber. Nos fue propuesta una Declaración Universal de los Derechos Humanos, y con eso creímos que lo teniamos todo, sin darnos cuenta de que ningún derecho podrá substituir sin la simetría de los deberes que le corresponden. El primer deber será exigir que esos derechos sean no sólo reconocidos sino también respetados y satisfechos ....Tomemos entonces, nosotros, ciudadanos comunes, la palabra y la iniciativa. Con la misma vehemecia y la misma fuerza con que reivindicamos nuestros derechos, reivindiquemos también el deber de nuestros deberes. Tal vez así el mundo comience a ser un poco mejor.

lunes, 19 de julio de 2010

LO ABSURDO Y EL SUICIDIO. Albert Camus.




No hay sino un problema filósofico realmente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no la pena de ser vivida equivale a responder a la cuestión fundamental de la filosofía. El resto, si el mundo tiene tres dimensiones, si las categorías del espíritu son nueve o doce, viene después.....y si es cierto como asegura Nietzsche, que un filósofo, para ser estimable debe predicar con el ejemplo, se comprende la importancia de esta respuesta, pues precederá al gesto definitivo. Se trata de ideas sensibles para el corazón, más es preciso profundizar en ellas para que el espíritu las tenga claras.






Si me pregunto por que juzgo tal cuestión más urgente que tal otra, respondo que por la acciones a las que compromete.....Juzgo, pues, que el sentido de la vida es la más apremiante de las cuestiones. ¿Cómo responder a ella? En todos los problemas esenciales, y me refiero a los que ponen en peligro la vida o decuplican la pasión de vivir, no hay probablemente sino dos métodos de pensamiento, el de Perogrullo y el de don Quijote. El equilibrio de evidencia y lirismo es lo único que nos permite acceder al mismo tiempo a la emoción y a la claridad.




El suicidio siempre se ha tratado como un fenómeno social. Aquí, por el contrario, para empezar, nos ocuparemos de la relación entre el pensamiento individual y el suicidio. Un gesto como ese se prepara en el silencio del corazón, lo mismo que una gran obra. El mismo hombre lo ignora. Y una noche, se dispara o se arroja al vacío.....Comenzar a pensar es comenzar a estar minado. La sociedad no tiene mucho que ver con esos comienzos. El gusano se encuentra en el corazón del hombre. Allí hay que buscarlo. Es preciso seguir y comprender el juego moral que lleva de la lucidez frente a la existencia o la evasión fuera de la luz.




Hay dos causas para un suicidio y, de forma general, no siempre las más aparentes son las más eficaces. Raramente nos suicidamos por reflexión (aunque no haya de excluirse la hipótesis). Lo que desencadena la crisis es casi siempre incontrolable.


Más si es difícil fijar el instante preciso, el sutil trámite en que el espíritu aposto por la muerte, es más fácil deducir del gesto en sí las consecuencias que supone. Matarse es, en cierto sentido y como en el melodrama, confesar. Es confesar que la vida nos supera o que no la entendemos.....Es solamente confesar que ^`"no vale la pena"^. Vivir, naturalmente, jamás es fácil. Seguimos haciendo los gestos que la existencia pide por muchas razones, la primera de las cuales es la costumbre. Morir voluntariamente supone que hemos reconocido, aunque sea instintivamente, el carácter ridículo de esta costumbre, la ausencia de toda razón profunda para vivir, el carácter insensato de esa agitación cotidiana y la inutilidad del sufrimiento.




¿Cuál es pues ese incalculable sentimiento que priva al espíritu, del sueño necesario para su vida? Un mundo que podemos explicar, aunque sea con malas razones, es un mundo familiar. Pero en cambio en un universo privado de pronto de ilusiones y de luces, el hombre se siente extranjero....Ese divorcio entre el hombre y su vida, el actor y su decorado es propiamente el sentimiento de lo absurdo. Y como todos los hombres sanos han pensado en el suicidio, cabe reconocer, sin más explicaciones, que hay un lazo directo entre ese sentimiento y la oposición a la nada.




El tema de este ensayo es justamente esa relación entre lo absurdo y el suicidio, la medida exacta en que el suicidio es una solución para lo absurdo. Podemos dar por sentado el principio de que un hombre que no hace trampas debe ajustar su acción a lo que cree verdadero. La creencia en lo absurdo de la existencia debe, pues , regir su conducta. Es curiosidad legítima preguntarse, claramente y sin falsos patetismos, si una conclusión de este orden exige abandonar cuanto antes una condición incomprensible. Me refiero, por supuesto a los hombres dispuestos a concertarse con sigo mismos.




Planteado en términos claros, el problema puede parecer sencillo e insoluble.....invirtiendo los términos del problema, parece que, al igual que uno se mata o no se mata, no haya sino dos soluciones filosóficas, la del sí y la del no. Sería demasiado fácil. Aunque también hay que pensar en los que interrogan siempre, sin llegar a una conclusión. Y no estoy ironizando: se trata de la mayoría. Veo igualmente que quienes responden no actúan como si pensaran que sí.


De hecho, si acepto el criterio nietzschiano, piensan que si de una forma u otra. En cambio los que se suicidan suelen estar seguros del sentido de la vida. Estas contradicciones son frecuentes. Inclusive podríamos decir que nunca han estado tan viva como sobre este punto, en el que tan deseable parece la lógica. Es un lugar común comparar las teorías filosóficas con las conductas de quienes la profesan.




Frente a estas contradicciones y estas oscuridades ¿ha de creerse que no hay ninguna relación entre la opinión que uno puede tener de la vida y el gesto que hace para abandonarla? .....En el apego de un hombre a su vida hay algo más fuerte que todas las miserias del mundo. El juicio del cuerpo vale tanto como el del espíritu y el cuerpo retrocede ante la aniquilación. Cogemos la costumbre de vivir antes de adquirir la de pensar. En la carrera que todos los días nos precipita un poco más hacia la muerte, el cuerpo conserva una delantera irreparable.


El equilibrio mortal que constituye el tercer tema de este ensayo es la esperanza. Esperanza de otra vida que es preciso ^`"merecer^`, o trampa, de quienes no viven la vida en sí, sino para alguna gran idea que la supera, la sublima, le da un sentido y la traiciona.




Todo contribuye así a sembrar la confusión. No en vano, se ha jugado con las palabras hasta ahora y se ha fingido creer que negarle un sentido a la vida conduce por fuerza a declarar que no vale la pena de ser vivida. No hay, en verdad ninguna equivalencia forzosa entre esos dos juicios. Sólo hay que negarse a dejarse extraviar por las confusiones, divorcios e inconsecuencias señaladas hasta aquí. Hay que descartarlo todo e ir en derechura al verdadero problema. Uno se mata porque la vida no vale la pena de ser vivida - sin duda eso es verdad -....Pero ¿es que ese insulto a la existencia, ese mentís en que se la hunde, proviene de que carece de sentido? ¿es que su absurdidad exige escapar de ella, por medio de la esperanza o el suicidio? Eso es lo que hay que poner en claro, que perseguir e ilustrar descartando todo el resto. Lo absurdo impone la muerte, es preciso dar a ese problema prioridad sobre los otros, al margen de todos los métodos de pensamiento y de los juegos del espíritu desinteresado.




Los matices, las contradicciones, la psicología que un espíritu "objetivo" sabe introducir en todos los problemas no cabe en esta búsqueda y esta pasión. Hace falta solamente un pensamiento injusto, es decir lógico. No es fácil. Siempre es fácil ser lógico. Es casi imposible ser lógico a fondo. Los hombres que mueren por sus propias manos siguen así hasta su final la pendiente de su sentimiento. La reflexión sobre el suicidio me da, pues, la oportunidad de plantear el único problema que me interesa: ¿hay una lógica incluso en la muerte? No puedo saberlo si no es persiguiendo sin pasión desordenada a la única luz de la evidencia, el razonamiento cuyo origen indico aquí. Es lo que se llama un razonamiento absurdo. Muchos lo iniciaron. Todavía no sé si se atuvieron a él.




Cuando Karl Jaspers, revelando la imposibilidad de constituir el mundo en unidad, exclama: ^`"Esa limitación me conduce a mí mismo, allá donde ya no me retiro detrás de un punto de vista objetivo que no hago sino representar  allá donde ni yo mismo ni la existencia ajena puede convertirse en objeto para mí"^`, evoca, después de otros muchos, esos lugares desiertos y sin agua donde el pensamiento llega a sus confines. Después de otros muchos, sí, sin duda, ¡pero cuan impacientes por salir de allí! A ese último recodo donde el pensamiento vacila han llegado muchos hombres, y de los más humildes. Estos abdicaban entonces de lo más querido que tenían  que era su vida. Otros príncipes del espíritu, abdicaron también, pero procedieron entonces, en su rebelión, al suicidio de su pensamiento. El verdadero esfuerzo, está, por el contrario, en atenerse a él, en la medida de lo posible, y en examinar de cerca la vegetación barroca de esas remotas comarcas. La tenacidad y la clarividencia son espectadores privilegiados de la inhumana representación en la que lo absurdo, la esperanza y la muerte intercambian sus réplicas. El espíritu puede analizar las figuras de esta danza a la vez elemental y sutil, antes de ilustrarlas y revivirlas él mismo.

jueves, 3 de junio de 2010

EL ANTI-PROFETA. Emile Michel Cioran.











En todo hombre dormita un profeta, y cuando se despierta hay un poco más de mal en el mundo....La locura de predicar está tan anclada en nosotros que emerge de profundidades desconocidas al instinto de conservación. Cada uno espera su momento para proponer algo: no importa el qué. Tiene una voz: con eso basta. Pagamos caro no ser sordos ni mudos....








De los desharrapados a los snobs, todos gastan su generosidad criminal, todos distribuyen recetas de felicidad, todos quieren dirigir los pasos de todos: la vida en común se hace irrespirable y la vida con sigo mismo más intolerable todavía: cuando no se interviene en los asuntos de los otros, se está tan inquieto de los propios que se convierte al "yo" en religión o, apostol invertido, se le niega: somos victimas del juego universal....La fuente de nuestros actos reside en una propensión inconciente a considerarnos el centro, la razón y el resultado del tiempo.








....Si tuvieramos el justo sentido de nuestra situación en el mundo, si comparar fuera inseparable de vivir, la revelación de nuestra ínfima presencia nos aplastaría. Pero vivir es cegarse sobre sus propias demensiones....








....¿Quién, con la exacta visión de su nulidad, intentaría ser eficaz y erigirse en salvador?








Nostalgia de un mundo sin "ideal", de una agonía sin doctrina, de una eternidad sin vida....El paraíso....Pero no podriamos existir un instante sin engañarnos; el profeta en cada uno de nosotros es el rasgo de locura que nos hace prosperar en nuestro vacío.




El hombre idealmente lúcido, luego idealmente normal, no debería tener ningún recurso fuera de la nada que esta en él...Me parece oírle decir: "Desgajado del fin, de todos los fines, no conservo de mis deseos y mis amarguras sino las formulas. Habiendo resistido a la tentación de sacar conclusiones, he vencido al espíritu, como he vencido a la vida por el horror a buscarle una solución...(En otro tiempo tuve un "yo"; ahora no soy más que un objeto. Me atraco de todas las drogas de la soledad; las del mundo fueron demasiado débiles para hacérmela olvidar. Habiendo matado al profeta en mí, ¿Cómo conservaré aún un sitio entre los hombres?".